No tenía ninguna clase de expectativas hacia esta película, y no porque pensara que fuera mala, si no porque desconocía en su totalidad de que trataba.
La historia es bastante simple, Macário, el protagonista toma un tren, en el camino comienza a relatar sus penas amorosas a una desconocida, así es como nos enteramos que el alguna vez estuvo enamorado de su vecina, una chica rubia que le coqueteaba desde su ventana.
Hermosamente filmada en Lisboa, la película retrata un poco la vida burguesa del siglo XIX, todo tiene un aire antigüedad, aunque la película no dice en que tiempo se desarrolla la historia; se podría deducir que todo ocurre a principios de los años cincuentas. Las actuaciones son convincentes y la fotografía es exquisita, pero hay bastantes imperfectos a medida que la historia se desarrolla. La película es extremadamente corta, apenas y dura un poco mas de una hora, y el final me dejó insatisfecho, parecía que no habían podido terminarla y simplemente dejaron correr los créditos finales.
Esta película es la mas reciente de Manuel de Oliveira, director portugués que ha rebasado los cien años y que todavía hace películas, con la desventaja de que las mismas ya no aportan mucho al séptimo arte, y que aunque se ven hermosas, carecen de forma y fondo.

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